TURISMO EN MANILVA
Sobre Manilva
Aunque Napoleón no pudo conquistar Manilva durante la invasión francesa de 1810, al viajero sí que se le permite asediar esta ciudad malagueña y recorrer cada uno de sus rincones con las ínfulas de un conquistador.
Para desgracia de las tropas napoleónicas, éstos se quedaron sin poder admirar el fortín de Sabinillas, las torres de Chullera o la iglesia de Santa Ana.
Por eso, hoy en día se entiende ese turismo de procedencia gala que merodea por la villa, pues, seguramente, son los descendientes de aquella soldadesca napoleónica que dejó pendiente su visita a la ciudad.
Así, quienes quieran emprender ruta hacia Manilva deben viajar hasta una villa enclavada en la Costa del Sol, en la provincia de Málaga, y a tan sólo 35 kilómetros de Gibraltar.
Cómo llegar
Para acceder a las exquisiteces turísticas de esta urbe, el trotamundos puede decantarse por los aeropuertos de Málaga o Gibraltar. El primero se localiza a 80 kilómetros de Manilva, mientras que el segundo a tan sólo 35. En cambio, si el viajero prefiere alcanzar su objetivo deslizándose por los raíles del tren cuenta con las estaciones de ferrocarril de Málaga y Algeciras.
Pero si al visitante le gusta más navegar, dispone del puerto deportivo de la Duquesa para amarrar su velero y codearse con un vecindario de quita y pon. Por supuesto, el automóvil encarna una opción más para el viajero que podrá circular por la Autovía del Mediterráneo, dirección Cádiz, y permanecer atento a las señales informativas una vez que aviste la ciudad de Estepona.
Economía
En la mencionada localidad se cultivan cereales y cítricos, además de ofrecer unos campos repletos de viñedos. Por supuesto, el sector del turismo también goza de protagonismo en la economía de la villa con sus correspondientes establecimientos hoteleros, restaurantes y comercios.
Visitas esenciales
Castillo de la Duquesa o fortín de Sabinillas
Su construcción data de 1767. Se ubica en un alto, desde donde desempeñaba tareas de vigilancia de la costa en aras de que ningún corsario despedazara la placidez de la villa. Un vecino de Sevilla asumió la responsabilidad de la ejecución de la obra y su remuneración consistió en (miren qué faena) el gobierno de una compañía de caballería. Imagínese ingresando semejante sueldo en el banco.
Torres de Chullera
Estos dos torreones también permanecían ojo avizor de los posibles peligros que pudieran asomar por lontananza. Se construyeron en el siglo XV; una de ellas es la Torre Almenada de la Duquesa y la otra se denomina Torre Almenada Punta Chullera.
Iglesia de Santa Ana
Los parroquianos de Manilva cuentan con los servicios religiosos de esta iglesia de 36 metros de largo por 20 de ancho. El viajero podrá apreciar las tres naves que la conforman: crucero, presbiterio y sacristía.
Puerto deportivo de la Duquesa
Dicho caladero se encuentra pertrechado de todas las armas para hacer frente a las necesidades del turista: bares, restaurantes, tiendas, hoteles, además de un campo de golf para aquéllos embelesados con este “intrépido” deporte.
Cava rupestre Gran Duque
Hubo un tiempo al que al hombre no le interesaba demasiado el turismo ni el golf, aquella humanidad prehistórica ha dejado su huella en las paredes de esta cueva. Para observar estas pinturas rupestres, el turista ha de encaminarse al desfiladero conocido como Canuto de la Utrera.
Alrededores
Estepona
Esta urbe brinda al viajero 21 kilómetros de costa aderezados con monumentos y naturaleza como la que encierra el Parque Municipal de Los Pedregales, en las faldas de Sierra Bermeja. En dicho paraje, además de degustar soberbios parajes, el aventurero podrá acampar, practicar el arte de la barbacoa, así como navegar por su lago artificial. También permite caminar hacia el fin del mundo por sus pistas forestales.
Gastronomía
Los hambrientos encuentran en Manilva un recetario generoso en pescados pues se pueden zampar hermosas piezas de boquerones, sardinas y, por supuesto, unas riquísimas frituras.
En esta Guía, ofrecemos al comensal varios “puertos” en los que su estómago ha de fondear: potaje de tagarninas con garbanzos, cocido a base de col, gazpacho “majao” con aceite de oliva, sopa de tomate, carne en adobo, entre otros suculentos caladeros gastronómicos. Estos platos merecen la escolta de un buen vino como los que se producen en Manilva. Para coronar el festín, entre los postres que deben centrar la atención del gourmet figuran la torta de pellizco, las tortas fritas, así como las torrijas, el piñonate, y una espléndida uva de la variedad moscatel.
Desde luego, la villa supone una magnífica plaza para iniciarse en el ritual del tapeo. |